Posteado por: chuty | julio 14, 2014

Meduso en Mérida

He tenido la suerte de asistir a la representación de medusa en el Teatro romano de Mérida y he disfrutado mucho del espectáculo, especialmente porque mi fantasía era sentirme un romano en el siglo uno, que asiste al teatro y vive la experiencia inmerso en este marco incomparable…

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La noche era perfecta, el teatro estaba lleno y no tendría nada más que alabar el arte de los bailarines y músicos si no tuviera este espíritu crítico constructivo que me ha dado Dios. 

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Empiezo por la avenida que lleva a la escena y me la imagino con puestos de comida y bebidas, olor a hidromel y tortitas, vino aromático y frutos secos garapiñados.

El mundo romano fue el precursor de consumismo, y al rededor de cualquier espectáculo había cientos de puestos ofreciendo manjares elaborados en directo que debían crear una atmósfera de olores muy especial.

Una vez dentro del teatro y acomodados en nuestro cojín pienso que en la antigüedad la escena estaba iluminada con lámparas de aceite y antorchas y seguramente había algún tipo de entremés musical que amenizaba la espera.

Justo antes de empezar una voz en off se dirige al público por los altavoces. Señores estamos en el teatro romano, un edificio con una acústica única donde un presentador debería poder hablar a 6.000 personas de viva voz.

Me da mucha pena nuestra adicción a los watios, si no hacemos vibrar nuestro oído con la suficiente intensidad no quedamos satisfechos. Sara Baras y sus diez bailarines son capaces de llenar de sonido con su zapateao y llegar hasta la última grada sin necesidad de micrófonos y amplificadores.

Yo que son tan adicto a los estímulos visuales confieso que la iluminación del espectáculo fue buena, para mi gusto algo escasa ya que el decorado de columnas apenas se pudo apreciar pero habría preferido algo mas artesanal, basado en fuego real, lámparas de aceite y velas.

Los músicos tocaban a oscuras en un rincón y apenas se podía apreciar su presencia. Hablando de la música creo que es un error jugar con música enlatada superpuesta al directo, acabas sin saber muy bien para que están los músicos allí. Los pasajes corales podrían haber sido interpretados por la coral de Mérida.

Entiendo que no se pretende una recreación fiel de la época pero el entorno del teatro demanda algo más, el decorado invita usar la tecnología de esa época que para mi gusto seria muy gratificante.

Otro aspecto que chirria es la prohibición de hacer fotos, cuando la luz se apaga miles de teléfonos móviles relucen y a todos nos entro una risa tonta, prohibir hacer fotos a más de tres mil personas cámara en mano es intentar poner puertas al campo, que miedo hay a que se escape la imagen, a que se haga uso de lo que allí sucede, este concepto suena a viejuno y no concuerda con la realidad que vivimos.

Mi conflicto con el uso de la tecnología en la escena y la prohibición de la tecnología al espectador me hace pensar que todavía no somos una sociedad madura, que sabe como usar cada cosa en su justo punto. Por supuesto hice un par de fotos como todo el mundo, a demás de un Selfie para mi Facebook y redacte un Twit que en si es publicidad para el espectáculo y para Mérida.

No se puede prohibir a tres mil personas adultas que tomen un recuerdo privado de su estancia después de haber pagado una entrada a un espectáculo que recibe subvención del estado.

Para terminar sigo viendo el teatro en muy mal estado, si Marco Vipsanio Agripa levantara la cabeza pensaría que no se lo estamos cuidando y no hacemos honor al esplendor que vivió esta ciudad en el año 15 antes de Cristo.

El día de su inauguración daba cabida a 6.000 personas y era un prodigio de la arquitectura e ingeniería, lucia bellos frescos, mármoles y artesonados de madera. Era un alarde de colorido y no se parecía en nada a la falsa ruina con la que nos quieren vender esta época.

Pienso que ya es hora de refrescar los caducos conceptos de rehabilitación de edificios históricos y tomar de senda de la reconstrucción completa para de una vez borrar la huella corrosiva del tiempo, el pillaje y los cataclismos que han degradado este edificio devolviéndole el esplendor que tuvo cuando de concibió esta ciudad pensada para el disfrute.

No quier terminar este texto sin hacer mención al erotismo que debía condimentar todas las representaciones romanas y que hoy por nuestra condición estrecha de mente se ha convertido en un imposible.

60 años de teatro romano de Mérida con mucho que afinar y muchos retos por afrontar, el uso del teatro implica un compromiso con el mismo y creo que como extremeños debemos trabajar mucho para que este festival consiga la excelencia y la originalidad que se merece a demás de alcanzar la solvencia económica y la sostenibilidad.

 Soy un Meduso al pensar tan distinto o es que falta valor para afrontar todo esto?

Chuty.net

 

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